Pensar o no pensar antes de escribir

Cuando empecé a preparar los materiales para las clases de Escritura creativa del Laboratori de Lletres, me pregunté: ¿cómo se enseña a escribir? Y como había estudiado Bellas Artes, en seguida hice el paralelismo. Enseñar a escribir es tan difícil como enseñar pintura, escultura, y las artes en general. Se pueden enseñar las técnicas (picar piedra, montar telas, mezclar colores, soldar, fundir metales, etc…) pero ¿cómo se enseña a pasar de la idea a la obra? Y ¿qué es la idea?

Yo sólo tenía mi propia experiencia y un montón de libros para leer (manuales de escritura, biografías de autores…). Y enseguida vi que la mayoría de manuales ignoraban mi forma de escribir, mientras que algunos autores (pocos) la reconocían como propia.

Y ¿cómo escribo?

Pensar o no pensar antes de escribir

Todo empieza con una frase que me intriga, y de ahí voy creando sin rumbo, voy escribiendo sin saber hacia dónde va la historia. Con La niña de los nueve dedos fue así: lo primero que escribí fue la frase ‘Me llamo Laura y tengo nueve dedos’ y desde allí dejé hablar a esa niña que tenía nueve dedos a ver qué salía. Y poco a poco fueron saliendo cosas que se me ocurrían: que los padres no les hacían fotografías, que vivían en la Barcelona de los años 70 y 80, que había un Arnau (o muchos) que ella se iba encontrando a lo largo de su vida… Con todo esto fui creando un universo de personajes, lugares y eventos que yo todavía no sabía hacia dónde me llevaban, hasta que un día se me ocurrió el final de aquella historia. Y una vez tuve escrito el final, vi que todo cuadraba. Tuve que retocar algunas cosas para que efectivamente todo cuadrara perfectamente, pero no fue hasta que escribí aquel final que supe qué historia estaba escribiendo.

Pero la mayoría de manuales sobre cómo escribir una novela hablan de planificación, de fichas de personajes, de sinopsis, de protagonista y antagonista, de clímax, y de muchos más temas técnicos que yo no he usado nunca, ni me he planteado nunca.

Jaume Cabré (en su libro El sentit de la ficció) habla de estas dos maneras de escribir (la de los manuales en contraposición a la mía) y distingue a los escritores racionales de los escritores intuitivos. Algunas escuelas hablan de los escritores que utilizan mapa y de los que utilizan brújula.

Yo sería pues una escritora intuitiva, de brújula. No planifico, no pienso antes de escribir. Pienso mientras escribo y después de escribir.

Es una forma de escribir. No es ni mejor ni peor que escribir con planificación, con mapa, racionalmente. Por eso, cuando se enseña a escribir se tendrían que tratar las dos vías, para que cada aprendiz de escritor escoja la que mejor le funcione.

El problema es que demasiadas veces he oído o leído a escritores que trabajan de forma racional que no creen en la existencia de los escritores intuitivos. Y eso es una lástima, porque si lo dicen en contextos en los que están explicando cómo escriben ellos, o cómo escribir en general, con una audiencia de gente que aspira a aprender a escribir, estarán cortando las alas a unos cuantos potenciales escritores intuitivos que llegarán a la conclusión de que la única manera que hay para conseguir escribir una historia es pensar antes, hacer esquemas, planificarla. Y como no lo sabrán hacer, tal vez llegarán a la conclusión de que no saben escribir. Y probablemente se estarán equivocando.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *